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¿A qué temperatura se recomienda beber el vino?

Seguro que alguna vez hemos organizado una cena en casa en la que algún familiar o amigo nos ha traído una botella de vino, y nos la ha dado diciendo que la metamos un rato al frigo para que alcance una temperatura determinada.

Un vino tinto, por lo general, es recomendable servirlo entre 16 y 18 grados si es un vino con poca crianza, más afrutado, o de 18 a 20 grados si es un vino con más envejecimiento, más complejo. Si lo servimos por debajo de los 16 grados, y cuanto más fría sea la temperatura, menos detalles apreciaremos en él por lo que incluso será difícil diferenciar entre dos vinos de características bastante similares si está muy frío. De la misma forma, si lo servimos por encima de los 22 grados el alcohol empezará a hacerse notar e invadirá nuestros sentidos cuanta más alta sea la temperatura, donde también se acentuarán los sabores amargos.

Cabe destacar como excepción el vino caliente que se toma en invierno en las zonas montañosas, que se hierve añadiendo frutas como la naranja y especias como la canela, y donde el alcohol se evapora en gran parte.

Lo cierto es que, aunque la temperatura sea importante para conseguir las características óptimas, nuestra casa no es un laboratorio y al final nos adaptamos a la practicidad más que a lo que sería ideal. En este caso, quizás un consejo sería enfriar un poco el vino en el frigo y sacarlo un rato antes de servir para que poco a poco vaya alcanzando la temperatura deseada. Hay que recordar que es más fácil calentar un vino que enfriarlo, por lo que si a la hora de tomarlo estuviera demasiado frío sería cuestión de esperar un poco más, o abrazar la copa con nuestras manos para hacer que se caliente.

En cuanto al vino blanco o rosado, es recomendable servirlo entre 8 y 10 grados si es joven, también más afrutado, o de 10 a 12 grados si es un vino con crianza en barrica y más complejo, al igual que pasaba con los vinos tintos. En este caso quizás lo recomendable sería meterlo al frigo y servirlo posteriormente en mesa junto con una cubitera para evitar que se caliente excesivamente mientras disfrutamos de la comida.

En el caso del champagne y otros vinos espumosos, es recomendable servir entre 6 y 8 grados si se trata de un champagne fresco y afrutado, más joven, o entre 10 y 12 grados si se trata de un viejo millésime, un cuvée prestige, un grand cru, etc., que en muchos casos superan los diez años de envejecimiento y con un cuerpo mucho más complejo que el de un champagne de aperitivo. En este caso también es recomendable poner una cubitera en la mesa para mantener una temperatura fría, y sacar la botella sólo cuando vayamos a echarnos en la copa.

Como habéis visto y, aunque la temperatura sea importante, con la experiencia vosotros mismos os daréis cuenta de los matices que predominan en vuestro vino y de si le falta frío o si, por el contrario, necesita calentarse un poco más.

Y sobre todo no olvidéis que es más fácil calentar que enfriar, ¡hasta pronto!

Artículo escrito por Thinking Lola

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